Sin ánimos de reavivar el fuego pretendemos analizar algunos de los comentarios más recurrentes en las redes sociales, luego de que se conociera que la representante de la región occidental ganara el evento competitivo Sonando en Cuba.
En primer lugar no creo que en esta ocasión haya ocurrido algún acto de regionalismo, al contrario, el evento garantizó las mismas oportunidades a las tres regiones cubanas, hecho que le costó estimables pérdidas de concursantes al equipo más fuerte.
La ganadora tenía una serie de ventajas profesionales que la hacían fuerte candidata al premio, ventajas que ciertamente no pudieron tener las otras dos contendientes, sobre todo la bayamesa, que con ese sobrenombre emergía como símbolo en su provincia natal. Dayana, allá tan lejos, tuvo menos oportunidades, quizás uno de los detalles que hizo que el público la convirtiera en la preferida.
Ni la bayamesa, ni la cienfueguera tuvieron la oportunidad de cantar junto al Septeto Habanero, tampoco en la agrupación de una de las hijas de Adalberto Álvarez, mucho menos grabar un primer disco con la EGREM, ni participar en concursos de diverso calibre, nadie es tan buenazo para regalarte transporte, hospedaje y alimento en una cara Habana, pues es sabido que vivir fuera de la capital te priva, en materia de cultura, de muchísimas oportunidades.
También se hacen concursos en varias provincias cubanas, incluso de canto, como en Las Tunas, Santiago de Cuba o Pinar del Rio, y con buen respaldo popular, pero de eso nadie se entera, ni se van a enterar. No te premian con Olga Tañon, ni con un clip, y mucho menos te ponen salvando almas en Baracoa.
Un desliz en el artículo: El Canal Habana se trasmite por la televisión digital a todo el país, pero Tele Cristal de Holguín solo lo ven lo holguineros.¿Por qué? ¿Por qué trasmitir juegos de Industriales cuando marchaba en el lugar onceno del campeonato? ¿Por qué?
Resultó obvio que es más fácil traer a Victor Manuelle de Puerto Rico que a Tiburón Morales de Santiago de Cuba, el primero aporta rating y el segundo solo valores intangibles. Es más fácil reutilizar los íconos mediáticos fabricados por otros, que construir y valorizar los nuestros.
Y que conste que es historia recurrente en eventos internacionales como Festivales de Ballet, Concursos Literarios Casa de las Américas, Festivales de Teatro, Festivales de Cine o Bienales de Artes Plásticas, donde no solo se reparten cupos por provincias, sino que los poquísimos capacitados para asumir el jurado, curaduría o comité de selección de estos eventos son residentes en la capital que han aprendido a creerse relevantes dentro de la cultura cubana. Y no es que sean los más talentosos de la nación, sino los que están al a mano, que no requieren gastos ni transporte.
Y esto lo saben los que están metidos en el meollo, pero el público, o el pueblo, mejor dicho, no lo sabe con datos y cifras, pero lo siente, lo percibe.
El concurso y esos comentarios, además de ser fuente nutricia para sociólogos, es un mensaje aterrador de que nuevamente la falta de transparencia en la comunicación, troca el objetivo inicial. ¿Por qué no le dijimos al público porque la bayamesa o la cienfueguera no ganaron el concurso? Usted puede ser pesado, pero no mudo. La televisión no es para introvertidos y amargados. Una simple explicación nos hubiera ahorrado tanta especulación.
Ahora deberíamos estar hablando de cuántos buenos temas de la música cubana revivimos con el evento, de cuántos jóvenes talentos vienen en camino, comprendiendo y amando el talento de Yulaisy Miranda, y solo estamos en dimes y diretes, suponiendo trampas, regionalismos, brujerías, y rejuegos, que al menos me inclino a pensar, e insisto, no los creo posibles.
Hasta un forista comentó que se volvería hacer la quema de Bayamo por haber perdido con su concursante. Texto horrible que desvaloriza y se convierte en culto a la violencia, al desacato.
Seamos un país de sabios, no de sordos. Articulemos una cultura desde la identidad, el respeto a todos los cubanos y sin creencias de que con un programa, un decreto o un concierto se salva la cultura cubana, además de involucrar a todos. Seamos en verdad martianos.
¿Por qué el próximo Sonando en Cuba no se hace en Santiago de Cuba o Bayamo con personalidades de la música de esas provincias?





