Una lección amarga dejaron algunos jueces en el recién finalizado programa de participación Sonando en Cuba II cuando se mostraron poco comunicativos y fríos.
Todavía las personas debaten la pertinecia o no de estas actitudes de las que algunos culpan a los conductores que no debieron preguntar ni insistir.
Ante todo partimos de que la televisión es un medio de comunicación y por tanto sus concurrentes tienen el deber de hacer eso: "comunicar", de hecho es increíble que estas cosas ocurran en nuestro país, y que solo demuestra falta de humildad y respeto por el público y las concursantes.
Todavía resuenan en mi mente las palabras de Dayana Batista Divo cuando en una entrevista concedida a Pistacubana, que será publicada en breve, refiere como los integrantes del jurado, salvo uno de ellos, no se acercaron a las finalistas una vez concluido el evento, para que como todo buen profesor o profesora decirle a sus discípulos donde estuvo el error, donde el mérito.
Estos no son valores construidos por nuestra sociedad, que siempre ha intentado darle lugar al ser humano, sin importar modos de vida o pensamiento. Actitudes que sorprendemente vimos en nuestra televisión, en horario estelar y ante la mirada de cientos de miles de personas.
Ni la dulzura de Haila, que era de todos los equipos, o la sonrisa del concursante Adriel, finalista del Premio de la Popularidad y guajiro que mostró que cualquier cubano con talento pudo llegar a esta cima de la música que fue Sonando en Cuba II, pudieron compensar la falta de tacto de esos jueces pétreos, quizás acostumbrados a demasiadas loas y que desde esa noche, la de Yulaisy, merecen el comentario negativo de un público que no obvia tales deslices.
Parafraseando a José Martí: el talento es ara, no pedestal.



